La exposición y toxicidad a mercurio son una amenaza prevalente y significativa de salud pública.
La exposición crónica al mercurio por cuestiones laborales, ambientales, amalgamas dentales y alimentos contaminados constituye una amenaza de salud pública significativa. Aquellos con amalgamas exceden incluso todas las permisiones de exposición al mercurio en países europeos y latinoamericanos. Los adultos con 4 ó más amalgamas corren un riesgo importante, mientras que niños con apenas dos de ellas pueden contribuir a problemas de salud. En la mayoría de ellos, las fuentes más grandes de mercurio son recibidas por inmunizaciones o transferidas en el útero de la madre.
Un solo relleno dental de amalgama con superficie de 0.4 cm2 libera aproximadamente 15 microgramos de mercurio por día, principalmente mediante el desgaste mecánica y evaporación.
El individuo promedio tiene ocho rellenos con amalgamas y podría absorber hasta 120 microgramos de mercurio al día a partir de ellas. Estos niveles son consistentes con reportes de 60 microgramos de mercurio al día, recolectados de heces humanas. En contraste, estimaciones de las absorciones diarias de todas las formas de mercurio del pescado y mariscos es de 2.3 microgramos, y para otros alimentos, aire y agua es de 0.3 microgramos al día. Actualmente, Alemania, Suecia y Dinamarca tienen restricciones severas sobre el uso de amalgamas. Un relleno dental o amalgama “de plata” no es una aleación real. Están fabricados de hasta 50% de mercurio. Los rellenos también están hechos de 35% plata, 9% lámina, 6% cobre y una traza de zinc. Más de 100 millones de rellenos de mercurio son colocados cada año en Estados Unidos, en tanto que odontólogos los utilizan para restaurar dientes posteriores.
El vapor de mercurio de las amalgamas es soluble en lípidos y pasa fácilmente a las membranas celulares y a través de la barrera hematoencefálica. Este vapor sirve como ruta principal del mercurio en las amalgamas del cuerpo. Es claro que el metal se transfiere a los tejidos humanos, se acumula con el tiempo y presenta un riesgo potencial para la salud. Escapa continuamente durante toda la vida desde el relleno en forma de vapor, iones, pero también como partículas desgastadas. Masticar, cepillarse e ingerir líquidos calientes estimulan tal liberación.
Afirmaciones hechas por autoridades en materia dental, quienes señalan que la cantidad de mercurio expuesto encontrada en pacientes con amalgamas dentales es tan baja para ser dañina, está contradicha por la literatura.
Estudios en animales muestran que el mercurio analizado de forma radiactiva, libreado de una amalgama colocada de manera ideal, aparece rápidamente en riñones, cerebro y pared intestinal. El hecho de que los rellenos dentales estén prohibidos en países europeos es evidencia fuerte de la toxicidad clínica de este material.
Cualquier restauración de metal colocada en la boca también produce efectos de electrogalvanismo. Cuando metales disímiles son puestos en la cavidad oral ejercen un efecto parecido al de las baterías, dada la conductividad eléctrica de la saliva. Esta corriente eléctrica causa que los iones metálicos se disuelvan a mayor porcentaje, por lo tanto, incrementando muchas veces la exposición al vapor de mercurio e iones de mercurio. El oro colocado cerca de las amalgamas produce un aumento de 10 veces en las liberaciones de mercurio.
El mercurio en el sistema nervioso (SNC) causa problemas psicológicos, neurológicos e inmunológicos en los humanos. Se adhiere firmemente a las estructuras en el SNC a través de su afinidad a los grupos sulfhidrilos en los aminoácidos.
Otros estudios han mostrado que el mercurio se introduce en la periferia por todas las terminaciones nerviosas y rápidamente transportado al axón de los nervios (transporte axonal) a la columna vertebral y al torrente sanguíneo. A menos que sea removido activamente, el mercurio tiene una vida media extremadamente larga de entre 15 y 30 años en el SNC.
Los síntomas abiertos de la intoxicación por mercurio han sido descritos claramente. La literatura científica muestra que los rellenos de amalgamas están asociados con una variedad de problemas tales como enfermedad de Alzheimer, autoinmunidad, insuficiencia renal, infertilidad, síndrome de ovario poliquístico, desbalances neurotransmisores, alergias alimenticias, esclerosis múltiple, problemas tiroideos e impedimento de la función inmunitaria. Pacientes con amalgamas dentales también tendrán un aumento en la prevalencia de bacterias resistentes a antibióticos. Los efectos subclínicos neuropsíquicos y motores también fueron observados en odontólogos que tuvieron una exposición a niveles altos de mercurio, previamente documentados. El uso de estos dispositivos puede también relacionarse con fatiga, memoria empobrecida y ciertos desórdenes psicológicos.
Se ha reportado una reciente epidemia de autismo en los EEUU y muchos investigadores creen que puede parcialmente relacionarse con una creciente exposición a mercurio que los infantes han tenido a través del antiséptico tiomersal que fue incluido en casi todas las vacunas hasta fechas recientes. El sistema nervioso central es más sensible a la toxicidad de mercurio que cualquier otro órgano en el cuerpo. Este metal ha sido recientemente documentado por su asociación con arritmias y cardiopatías, dado que el análisis capilar mostró niveles que fueron 20,000 más altos en aquellos pacientes con estas anomalías cardíacas. También se ha relacionado con otros problemas neurológicos tales como temblores, insomnio, polineuropatía, parestesia, inestabilidad emocional, irritabilidad, cambios de personalidad, cefaleas, debilidad, visión nublada, disartria, respuesta mental retardada y paso lento.
Hay un número de agentes de los que se ha demostrado tener utilidad clínica en facilitar la remoción del mercurio, sobre todo en alguien que ha mostrado los signos y síntomas de intoxicación con el metal.
La orina y heces son las principales vías excretorias del mercurio metálico e inorgánico en humanos. La parte más importante de la eliminación sistémica es remover la fuente del mercurio. Para la mayoría ello involucra quitar las amalgamas. Los pacientes deben buscar a un dentista capacitado especialmente en esta área, dado que la remoción inapropiada del relleno puede resultar en exposición innecesariamente alta al mercurio. Lo siguiente es un resumen de los agentes más efectivos que han sido documentados en la literatura revisada por pares.
El DMPS (del inglés dimetilsulfuropropinato) es una molécula ácida con dos grupos sulfhidrilos libres que forman complejos con metales pesados tales como el zinc, cobre, arsénico, mercurio, cadmio, promo, plata y lámina. El DMPS fue desarrollado en la década de 1950 en la antigua Unión Soviética y ha sido utilizado de manera efectiva para tratar la intoxicación por metales allá desde 1960. Es un agente complejante soluble en agua.
Tiene abundantes datos de investigaciones a nivel internacional y un excelente registro de seguridad en la remoción de mercurio del cuerpo y ha sido empleado de forma segura en Europa con el nombre de Dimaval durante muchos años. El DMPS está registrado en Alemania con la BGA (homólogo de la FDA de Estados Unidos) para el tratamiento de envenenamiento con mercurio, pero sigue siendo un medicamento investigado en EEUU.
El uso de DMPS para tratar la intoxicación por mercurio está bien establecido y aceptado. Ha demostrado claramente la eliminación de los efectos en el tejido conectivo. La dosis es de 3.5 mg/kg de peso corporal una vez al mes, el cual es inyectado lentamente de forma intravenosa durante cinco minutos. La excreción estimulada por DMPS para todos los metales pesados toma de 2 a 3 horas después de la infusión, y disminuye después con el retorno a los niveles basales tras 8 horas.
Este agente no es mutagénico, teratogénico ni carcinogénico. Idealmente, la administración intravenosa de DMPS nunca ha sido utilizada en pacientes que aún tienen colocadas amalgamas dentales, aunque los investigadores han realizado lo anterior como diagnóstico, en una sola dosis, sin complicaciones. Este compuesto aparece en la saliva y puede movilizar cantidades significativas de mercurio de la superficie del relleno y precipitar convulsiones, arritmias cardíacas o fatiga severa.
Se debe utilizar DMPS con gran PRECAUCIÓN y NUNCA en pacientes con amalgamas colocadas. Idealmente, el DMPS debe ser administrado después de haber proporcionado 25 gramos de ácido ascórbico de forma intravenosa. Ello minimiza cualquier toxicidad potencial del DMPS. Aunque éste tiene gran afinidad con el mercurio, los niveles más altos parecen ser para cobre y zinc, así que se necesita suplementación para evitar la depleción de estos minerales benéficos.
El zinc es particularmente importante cuando se lleva quelación de mercurio. De tal manera, el DMPS es administrado en un lapso de cinco minutos dado que es posible que tenga efectos hipotensores cuando se da como un bolo intravenoso o bolus. Otros posibles efectos secundarios incluyen reacciones alérgicas o sarpullido.
El DMSA (ácido dimercaptosuccínico) es otro agente quelante de mercurio. Es el único además del cilantro y d-penicilamina, que penetra las neuronas. Este compuesto remueve mercurio por vía de los riñones y la bilis. Los grupos sulfhidrilos en ambos DMPS y DMSA se unen muy estrechamente al mercurio.
· Primera, el DMSA se considera más seguro que el DMPS. En estudios de investigación, éste probó ser tres veces más tóxico que el DMSA.
· Segunda, el DMSA tiene más probabilidad de unirse a minerales benéficos, en tanto que el DMPS no lo hace.
· Tercera, hay afirmaciones que señalan que el DMSA atravesará la barrera hematoencefálica para acceder a las acumulaciones de mercurio en el cerebro.
· Cuarta, el DMSA es comúnmente prescrito (y compuesto) para vía de administración oral. Ello lo hace más conveniente y accesible para el paciente. A su vez, las personas pueden iniciar con una dosis baja para probar los niveles de tolerancia y reducir efectos secundarios adversos.
Reservas adecuadas de azufre son necesarias para facilitar la unión del mercurio a los grupos sulfhidrilos.
Muchos individuos tienen sus reservas de azufre ampliamente agotadas, lo que impide o disminuye la efectividad de agentes quelantes como el DMPS o DMSA; esto sucede porque son metabolizados y utilizados como fuente de azufre. Sustancias naturales que lo contienen, tales como el ajo y el MSM (del inglés, metilsulfonilmetano) pueden servir como agentes efectivos al proporcionar azufre orgánico para la desintoxicación. El ajo fresco es preferido, dado que tiene muchos otros beneficios recientemente documentado. Se consume justo por debajo del umbral de lo socialmente inaceptable, que es comúnmente 1 a 2 dientes al día.
Dosis de 400 UI de vitamina E al día han mostrado tener un efecto protector cuando el cerebro se ha expuesto a metilmercurio. De 200 a 400 mcg diarios de selenio, que es una importante traza de mineral en la eliminación del mercurio y debe ser usado para la mayoría de los pacientes.
El selenio facilita la función del glutatión, que es también importante en la desintoxicación por mercurio. Algunos médicos encuentran útil la dosificación repetitiva de glutatión intravenoso, especialmente en pacientes neurológicamente comprometidos.
Existe una sugerencia en ratas modelo, de que el ácido lipoico puede también ser útil, pero algunos especialistas se preocupan por el potencial del ácido lipoico para llevar al mercurio al cerebro en los inicios de la quelación, similar al DMSA y N-acetilcisteína (NAC), que también ha sido utilizada para la eliminación del mercurio. Dosis mayores de 50 a 100 mg diarios deben usarse con precaución.
La vitamina C también es un suplemento auxiliar para la eliminación del mercurio, debido a que tiende a movilizarlo de las reservas intracelulares.
Algunos médicos la usan de forma intravenosa en dosis de 25-100 mg en lugar de DMPS y DMSA.
Frackelton, James P., M.D. and Christensen, R. Lyle, Ph.D., Journal of Advancement in Medicine, Primavera, 1998;11(1):9-25. (Address: James P. Frackelton, M.D., F.A.C.A.M., Preventive Medicine Group, 24700 Center Ridge Road, Cleveland, OH 44145 U.S.A.)
Los autores encontraron que la terapia de remoción de mercurio con DMSA en pacientes que exhiben sensibilidad por intoxicación con mercurio ha sido clínicamente exitosa, utilizando una dosis diaria de 500 mg en ayunas cada cierto día por un mínimo de 5 semanas. Ocasionalmente, individuos sensibles han tenido que reducir las dosis a 250 mg de DMSA 3 veces por semana, seguidas de un aumento a 500 mg en la misma dosis tras 2 a 3 semanas. La respuesta rápida ha ocurrido, aunque se necesitan 4 a 5 semanas para que los pacientes experimenten una reducción de los síntomas. Si planean remover restauraciones dentales de mercurio completamente, el tratamiento con DMSA es efectivo si se inicia justo antes de la remoción. Muchas personas experimentan menos síntomas de intoxicación por mercurio durante la remoción de amalgamas cuando toman DMSA regularmente, 3 veces por semana, además de una dosis adicional el día del procedimiento dental.
· Preparar al paciente con agentes potenciadores y antioxidantes
o El DMSA aumenta la excreción de zinc, así que se debe suplementar de en el tratamiento
DMSA: tratar 3 días, con 11 días sin medicamento
o 3 a 6 veces al día
o Iniciar dosis de 10 mg/kg al día, dividir en 3 dosis; pueden gradualmente aumentar hasta 30 mg/kg al día durante varias semanas cuando sea menor la concentración de metales
o Repetir hasta que los niveles sean menores en la orina